Microrelatos: La Habana

Junio 2005.


Llegamos con una hora de retraso al aeropuerto de La Habana. Dos horas más para la validación de pasaportes: dónde vas, dónde te alojas, de dónde vienes... Una hora y media más hasta conseguir salir del aeropuerto. Nos registraron hasta el carné de identidad buscando drogas. Fue la primera impresión, no la última, de que habíamos llegado a un estado policial. Una mirada, una actitud tan descarada, tan intimidatoria... por primera vez me sentí tratada como una ilegal, como una criminal. Salimos por fin y allí estaba Coco, nuestro guía, jinetero y amigo. Todavía estaba, cómo no, tras 4 horas y media esperando. Nos recogió y nos llevó a casa de Consuelo.

La Habana, ciudad gigantesca llena de rincones. Calor, mucho calor. Gente loca por venderte cinco collares a un peso, por llevarte en taxi, por venderte puros ilegales... Vender, ganarse un peso. Clavada en el cocotaxi, clavada en la comida, clavada en la cena. Aquí todos nos intentan timar.

Anochece. Paseo por calles perdidas desde el Malecón al Prado, calles oscuras con puertas abiertas de par en par. A través veo familias hacinadas alrededor de un televisor, espacios decadentes con paredes desconchadas y un fuerte olor a pobreza que sale de cada habitación. Me siento insegura porque está oscuro y porque soy extranjera, o eso me digo, pero nadie nos persigue, sólo nos miran con curiosidad. Sigo caminando e intento pensar en otras cosas... Esta mañana se pasó entre la charla con Consuelo, cafés y cigarrillos. Así no se puede vivir, decía. Con miedo no se puede vivir. Consuelo habla bajito y calla cuando se asoma la vecina. Un día nos fuimos a tomar un café en el Obispo, en el Hotel Riviera -nos dice-, tan bonito.... Yo quería mezclarme con los turistas, con gente que no es como yo, que no tiene mis preocupaciones, que no vive con mis problemas... Por que aunque sea un ratito, yo me siento con ellos en una mesa, y aunque no me miren, aunque no me digan nada, ellos me nutren.

Consuelo no habla de política, como dice ella, habla de realidades cotidianas... pero bajito.

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